Preadolescencia: una etapa de transición

26/01/2026
Adolescencia

La preadolescencia es una etapa de transición situada entre la infancia y la adolescencia, aproximadamente entre los 9 y los 12 años. Es una etapa de cambios profundos en el desarrollo emocional, cognitivo y relacional. La infancia comienza a transformarse progresivamente, abriendo el camino hacia nuevas formas de pensar, sentir y relacionarse.

Desde el punto de vista biológico, es el inicio de los cambios hormonales que preparan el cuerpo para la pubertad. Aunque estos cambios no siempre son visibles externamente, muchos niños y niñas comienzan a percibir transformaciones corporales que pueden generar curiosidad, vergüenza o confusión. Este despertar del cuerpo suele ir acompañado de una mayor conciencia de la imagen corporal y de una tendencia creciente a compararse con sus iguales.

A nivel emocional, esta etapa implica una reorganización interna importante. Los niños y niñas comienzan a experimentar emociones más complejas y ambivalentes, pero aún no disponen de todas las herramientas necesarias para regularlas. Esto puede manifestarse en cambios de humor, irritabilidad o una sensibilidad acentuada a la crítica. Surge una necesidad creciente de autonomía, pero al mismo tiempo convive con una fuerte demanda de comprensión y validación por parte de los adultos de referencia. El preadolescente busca ganar espacio propio para construirse, pero al mismo tiempo sigue requiriendo límites claros y una presencia adulta disponible.

En el ámbito cognitivo, empieza a consolidarse un pensamiento más abstracto y crítico. El preadolescente cuestiona normas, detecta incoherencias y comienza a poner en duda la autoridad. Los adultos dejan de ser figuras idealizadas para convertirse en personas con errores y contradicciones. Este proceso, aunque pueda generar desorientación o conflicto, es necesario para el desarrollo de un criterio propio. Al mismo tiempo, el juego simbólico sigue teniendo un papel relevante: a través de roles, escenarios creativos o actividades narrativas, los preadolescentes pueden elaborar emociones y experiencias, probar diferentes formas de ser y comprender las perspectivas de los demás, mientras desarrollan la creatividad, la resolución de problemas y las habilidades sociales.

Socialmente, el grupo de iguales adquiere un papel central. Las amistades se vuelven más selectivas y profundas, y el sentimiento de pertenencia es esencial. Al mismo tiempo, puede aumentar el miedo al rechazo o a “no encajar”, lo que hace que sean especialmente sensibles a la mirada de los demás y a la presión social.

Desde diferentes corrientes de la psicología evolutiva y psicoanalítica, la preadolescencia se entiende como un momento de transformación estructural. Durante esta etapa, el pensamiento se vuelve más crítico, la mirada sobre los adultos cambia y la identidad comienza a construirse de manera activa. Una vez puesto en marcha este proceso de diferenciación y autonomía, ya no es posible volver a la infancia tal como era. Este camino de crecimiento, aunque necesario y enriquecedor, implica también un duelo: dejar atrás ciertos aspectos de la infancia puede generar sentimientos de tristeza, que forman parte natural del proceso de transformación.

Acompañar esta etapa con comprensión, escucha activa y límites claros contribuye a un crecimiento emocional saludable y a una transición más segura hacia la adolescencia.

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