La Ansiedad

01/03/2019
Bienestar Emocional

La sociedad moderna y acelerada junto a los ritmos de vida actuales convierten a los trastornos de ansiedad en uno de los malestares más frecuentes de nuestros tiempos. Según la OMS, 1 de cada 5 personas sufre uno de estos episodios que afectan a cerca del 10% de la población.

Esto se debe a nuestro ritmo de vida, en el no hay tiempo para el autocuidado ni el descanso cuando nos sentimos tristes, angustiados o cansados. La situación económica y social, así como la precariedad laboral no ayudan. Tratar de conciliar la vida personal con la laboral no es tarea sencilla. Además, nadie nos ha enseñado a cómo manejar o gestionar nuestras emociones y pensamiento. A muchas personas les cuesta pedir ayuda y al final, esa sobrecarga se expresa en forma de angustia.

La ansiedad es un proceso absolutamente normal en el ser humano. Es una respuesta automática que se produce en nuestro cerebro en el sistema límbico, cuando interpreta que existe un peligro para nuestra vida.Es un mecanismo de defensa frente al peligro, pero puede volverse en nuestra contra. El aumento de ansiedad se produce porque el cerebro piensa que hay un peligro para ti a través de tus pensamientos, cuando la realidad es que no hay nada que esté poniendo en peligro tu vida. La ansiedad es la combinación de pensamientos y las reacciones fisiológicas propias, relacionados con el miedo a que ocurra algo malo que escapa a nuestro control.

¿Qué pasa en nuestro cuerpo si no existe un peligro real, pero comenzamos a preocuparnos o anticiparnos de manera negativa ante ciertos acontecimientos del futuro? En este caso, aunque no existe un peligro real y nuestro organismo no necesita huir o atacar, el cerebro interpreta igualmente que existe un peligro y activa el mecanismo fisiológico del que disponemos para estas situaciones, estamos activando en nuestro organismo el sistema de alarma innecesariamente, y todo ese exceso de tensión innecesaria es lo que se traduce en ansiedad. 

Algunos de los síntomas que acompañan a la persona son: sensación de ahogo, asfixia, palpitaciones, sudoración, tensión muscular, sequedad de boca, bloqueos mentales, sensación de irrealidad, estado de confusión, dificultad para conciliar el sueño, apatía e incluso tener ganas de llorar.

Sentir cierta activación o un estrés moderado en nuestro día a día es natural y útil, puesto que evolutivamente es lo que prepara al ser humano ante la respuesta de lucha o huida. El problema surge cuando se mantienen altos estos niveles de estrés y activación fisiológica durante mucho tiempo y, sin que el sujeto se de cuenta, se situa en un estado de alerta constante que acaba traduciéndose en episodios de ansiedad y malestar continuos, que además bloquean y limitan las tareas cotidianas.

Conducir, hablar en público, relacionarse con un grupo de personas conocidas, apuntarse a un curso, ir al médico, salir de compras, educar a los hijos, presentarse a un examen, enamorarse, estar a gusto en una sobremesa con amigos, ver una película en el cine, ir en metro o autobús, salir a correr o hacer un viaje de ocio. Se trata de situaciones cotidianas, en las que una persona podría disfrutar y aprender, pero que se convierten en un auténtico reto, incluso martirio, para las personas que sufren ansiedad.

Como afrontar este Trastorno

Tener presente que estamos ante un episodio de ansiedad, que al igual que da comienzo también tiene su fin. Aunque pueda parecer una obviedad, es clave para recuperar la seguridad y el control.

Interiorizar que no es una situación de vida o muerte, aunque nuestro cuerpo lo sienta así. Debemos aprender a ‘contextualizar’ para que no se repita en el futuro.

Habla contigo mismo en otro idioma. El tipo de vocabulario que más utiliza una persona ansiosa para expresarse suele ser “tengo miedo, estoy agobiado, no puedo, y si…, no estoy preparado, en otro momento, tengo temblor, no podré, lo estoy pasando fatal” y un sinfín de expresiones tendentes al catastrofismo y con las que se siente inseguro e incapaz. Es como repetirse continuamente que uno no vale para nada.

Tratar de normalizar y no magnificar la situación. Debemos ‘quitarle hierro’ y no dejarnos llevar por el miedo ni ‘ponernos en lo peor’, solo acrecentará el malestar y el descontrol. Apartar los pensamientos intrusivos que nos asustan. Tomar las riendas de la situación centrándonos solo en nuestra respiración, nos ayudará a no atender a nuestros miedos y sensaciones desagradables.

Sentir ansiedad siempre es muy desagradable, por ello comprenderla y aprender a controlar sus síntomas, es imprescindible para vivir en paz.

Tratar de vivir sin tanta inquietud supone principalmente aprender un estilo de vida, donde se da importancia a una mentalidad positiva y a una forma de afrontar las adversidades activamente, es decir, comprender qué hay que esforzarse para no estar constantemente preocupados. A su vez, es fundamental no acumular tensiones continuamente, nuestro organismo necesita desahogo, expresar nuestras emociones y llorar cuando haga falta.  

La psicoterapia puede ayudar a entender aspectos personales que posibiliten mitigar la sensación de ansiedad asimismo nos puede proporcionar herramientas para el enfrentamiento de nuestros conflictos.

 

Equipo ATIA, psicología y psiquiatría Barcelona