La agresión constructiva: cuando "ser buenos" enferma

10/02/2026
Psicoterapia de adultos

A menudo pensamos en la agresión como algo negativo: peleas, gritos, violencia. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. La agresión también puede ser vista como una fuerza natural y necesaria, que nos ayuda a poner límites, defendernos y cuidar lo que valoramos. El problema surge cuando esa energía no encuentra una salida saludable.

Cuando la agresión se guarda en silencio

Muchas personas, en lugar de expresar su enojo o frustración, lo esconden. A veces, se traduce en resentimiento: esperamos que la otra persona note nuestro malestar, pero al mismo tiempo rechazamos cualquier intento de acercamiento. Con el tiempo, este patrón puede convertirse en una incapacidad para expresar incluso el amor, ya que la emoción bloqueada termina contaminando otros aspectos de la vida afectiva.

El costo es alto: pérdida de espontaneidad, falta de creatividad, síntomas como fobias que limitan la vida, dificultades sexuales que afectan la intimidad de la pareja, y relaciones que se envenenan poco a poco. Todo esto ocurre porque la agresión reprimida busca salida, y cuando no puede hacerlo de manera sana, aparece de forma destructiva.

El miedo detrás del silencio

En el fondo, muchas personas temen que expresar su enojo arruine sus vínculos: miedo a ser rechazados, abandonados o a que la relación se rompa. Pero la paradoja es que, al callar, se termina llegando justamente a esas consecuencias: distanciamiento, resentimiento y rupturas.

Ser agresivo… de manera constructiva

La psicoterapia ofrece un espacio seguro para descubrir que sí es posible expresar enojo sin destruir al otro. Existen formas de ser “agresivo” que no son dañinas, sino constructivas: decir lo que sentimos de manera clara, pedir lo que necesitamos, poner límites con firmeza pero sin violencia.

Cuando logramos esto, no solo nos liberamos internamente y ganamos respeto, sino que además mejoran nuestras relaciones. Expresar la agresión de manera sana se convierte, entonces, en una herramienta de crecimiento, tanto personal como social.

El objetivo final

Cuidarnos a nosotros mismos, al mismo tiempo que fortalecemos nuestros vínculos, cuidamos de los otros.

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